Nelson Garrido “Mi práctica de libertad es el derecho a la lentitud”
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Nelson Garrido “Mi práctica de libertad es el derecho a la lentitud”

José Pulido domingo 12 de diciembre de 2021

En Caracas, una de las mejores emociones se experimenta cuando dices “voy a casa de Nelson Garrido”. Es decir: “Voy a la ONG de Nelson Garrido”. La dirección se recuerda sin esfuerzo porque evoca todo lo femenino: Residencias Carmencita, avenida María Teresa Toro, Los Rosales.

Tocas en el portón y siempre sale, con la misión de abrir la puerta, alguien diferente cada vez. Estudiantes de fotografía o de cualquier otro arte, que recalan allí, donde se lee y se habla en profundidad con mucho desparpajo fraterno.

(En el piso de arriba se adivina el esplendor oculto de Gala Garrido. Ella es la hija prodigiosa).

Da gusto llegar a ese lugar donde siempre encuentras a Nelson empeñado en una tarea, en un oficio, en un objetivo impresionante, útil, donde jamás se esgrimen veleidades. Los estudiantes acostumbran la preparación de un almuerzo para invitar a quienes llegan. Y de tarde se brinda con cocuy y café. Creadores de toda disciplina artística llegan allí, de distintos países y de cualquier lugar de Venezuela: fotógrafos, cineastas, escritores, pintores, filósofos, periodistas, teatreros, bailarines, poetas. Y Nelson está listo para cualquier actividad que beneficie el ejercicio del arte, del pensamiento, de la lucidez. Y del humor.

Ya se ha dicho mil veces que las obras de Nelson Garrido han sido censuradas en varios países, porque es algo que realmente ha ocurrido: es uno de los fotógrafos de arte, de los intelectuales del arte, más censurados de la historia contemporánea. Es censurado hasta por el más desconocido de los espectadores con tan sólo mirar por primera vez una obra de Garrido. La censura es inmediata, instantánea, mecánica. Él es como un polen espiritual flotando en el ambiente y el espectador, alérgico a la sincera magia, estornuda. Instituciones completas han estornudado.

Nelson Garrido es un hombre sensible, inteligente, generoso, solidario y con una ironía que denota sabiduría. Es casi imposible ser realmente irónico sin tener sabiduría. También parece absurdo que un ser humano con esa calidad humana y esa caballerosidad resulte censurado cada vez que dice “esta boca es mía”, pero es algo natural, normal y totalmente cierto.

Hay que decirlo de una vez y seguir diciéndolo hasta quién sabe cuándo: las fotografías de Nelson Garrido representan un arte insoportable. Muy pocas personas están preparadas para ver esas puestas en escena provocadoras y no espantarse. Pocos son los ojos abiertos para escudriñar ese arte y encontrar la belleza de su expresión final y entender el mensaje cortante y profundo de su esencia.

En Nelson Garrido no hay poses tremendistas, ni búsqueda de efectos con lo que han denominado feísmo en el arte. Lo de Garrido es soltar crudamente una visión completamente liberada de prejuicios y de esquemas, de órdenes y de sumisiones. Sin ninguna duda, él es un artista a la espera de una generación que comprenda sus planteamientos y aproveche ese modo de no temerle a la libertad y sus consecuencias.

Información propia de la ONG

La Organización Nelson Garrido (ONG) es un espacio cultural autogestionado donde se conjugan diferentes actividades relacionadas con el arte. Su eje fundamental es la fotografía y por esta razón desde el año 2002 están formando fotógrafos a través de sus talleres que funcionan en cuatro ciclos anuales, al mismo tiempo que en sus tres salas de exposición están continuamente exhibiendo el trabajo de los artistas que hacen o han hecho parte del espacio, fungiendo como caja de resonancia para las minorías y dando a conocer distintas propuestas.

En la ONG se encuentra una biblioteca pública con una gran variedad de títulos especializados en fotografía, lo que la ha hecho de gran importancia como referencia del área tanto en el país como en Latinoamérica. Cuenta, además, con un estudio de grabación de audio, un taller de serigrafía, un laboratorio fotográfico.

Brinda sus espacios para grupos de teatro y danza, ofrece ciclos de cine en su azotea y, a lo largo del año, distintas personalidades del mundo de las artes dan charlas gratuitas para el público en general.

Son los artistas los que se apropian del espacio, son las alianzas que se hacen las que conforman el dinamismo y la diversidad de la ONG. Detrás de todo lo que sucede hay un equipo de personas que hacen posible que todo suceda: los pasantes, los asistentes y su directora Gala Garrido.

En este espacio para la reflexión de ideas, fundado ya hace más de una década por Nelson Garrido, las puertas están abiertas para todos aquellos que no han encontrado su lugar, y para esos que están buscando encontrarse con nuevos lenguajes. La ONG como proyecto no ha parado desde su fundación; crece y se fortalece con el paso del tiempo.

La cucaracha es una especie de símbolo en la ONG Nelson Garrido. Allá lo explican sencillamente:

La cucaracha es un animal que se ajusta a nuestro espacio. Para algunos genera repulsión, se mueve siempre por debajo. En la ONG se permite la entrada a todos, algo que nos ha enseñado este peculiar insecto que sobrevivió a la bomba atómica.

La entrevista

¿Qué es lo que más te emociona de la fotografía?

La fotografía es ese juego con el tiempo, es como congelar el tiempo, es como la literatura, pero en imágenes. Yo estoy convencido de que más que fotografía a mí lo que me fascina es la imagen, que puede ser fotográfica, musical, literaria, cinematográfica, o sea: la imagen es lo que me parece extraordinario.

¿Qué es lo que más te importa de la fotografía?

De la fotografía lo que más me importa es el testimonio de lo cotidiano, eso me parece superimportante, y yo lo remonto a algo originario: es igual que las marcas de la mano en las cuevas de Altamira. Esa mano es la demostración del hombre originario, que dejó una huella: esto es lo que está pasando, sin pensar en trascendencias… Es un pincelazo de lo cotidiano, que es lo que más me interesa.

¿Qué es lo que se te plantea de ahora en adelante en la fotografía?

La fotografía expandida, abierta e interdisciplinaria, abierta hacia la literatura, hacia la pintura, hacia el cine, o sea una fotografía donde la investigación sea mucho más abierta, ¿entiendes? No ese concepto tradicional de la imagen sino de la fotografía expandida y transversal en todos los sentidos.

¿Cómo has vivido la pandemia y el país?

Hay problemas que son capas: la capa de la pandemia, más la situación política del país, es algo muy duro en un sentido, pero a nivel individual me siento feliz de estar encerrado y no ver a nadie, honestamente. Es algo así como que se cayeron todos los compromisos sociales. La pandemia, en el caso mío, me ha dado un “verme hacia dentro”, como dice Rafael Cadenas, verme detrás de los ojos, y el concepto del tiempo ha agarrado una tendencia más humana, que no es esa cosa acelerada de hacer de todo al mismo tiempo. Aunque trates de evitarlo la vida social de alguna u otra manera igual te agarra.

Y la sociedad se ha ido disminuyendo porque se han estado muriendo los amigos.

Eso también te da otra dimensión del tiempo, la edad cronológica en que uno está. Somos finitos y esa presencia de la muerte para mí evidencia la vida. Uno a veces no agradece que está vivo cada día que se despierta, lo maravilloso que es estar vivo porque es tan fácil estar muerto. Cuando muere un amigo, el caso de Miguel von Dangel y ahora Roberto Bressanutti, una cantidad de amigos, uno dice: mira, estoy hoy aquí, voy a disfrutar del presente porque mañana hay una gran incertidumbre.

Yo asumo la muerte igual que la soledad, como mi amiga. La muerte hay que llevarla como acompañante.

Sí, es verdad, no debes tenerle miedo a lo natural…

Claro, yo no le tengo miedo a la muerte, podía temer alguna circunstancia: cómo me voy a morir, es decir: me gustaría morirme así rapidito, pero a la muerte como tal la he llevado siempre como compañera de vida y además rechazo ese gran problema social de que está prohibido envejecer, está prohibido ser gordito. Yo adoro ser viejo y ser gordito.

La muerte, ¿la ves en blanco y negro o en color?

¿La muerte?, sí: la muerte yo la veo en colores, porque siempre será una carga macabra igual que la sangre y para mí la muerte es un renacimiento, el pasar a otro plano, yo lo veo muy positivo. A mí me parece la muerte algo divertidísimo, o sea, yo no le tengo miedo a la muerte.

Te quería preguntar cuál fue tu primera foto.

¿Mi primera foto? Mira… No la recuerdo como tal… De lo que sí me acuerdo es que mis primeras fotos fueron hechas con la cámara de mi papá, y eran fotografías movidas. Yo agarraba la cámara de noche y movía la cámara y salían unas rayitas y eso a mí me encantaba, pero más que mis primeras fotografías, fue lo que viví con la influencia de mi extraordinario maestro Carlos Cruz Diez, que tuve la suerte de tener. Yo era muy joven y Cruz Diez me mandó a ver El perro andaluz, de Buñuel. Yo tendría unos trece años y a mí esa vaina me marcó muchísimo, sobre todo la parte con la hojilla cuando le cortan el ojo, al mismo tiempo que está la nube pasando por la luna. Son imágenes que te quedan, que te marcan de un modo impresionante. Entonces imagínate las cosas: yo estoy muy joven, con mi primera cámara Super 8 haciendo cine en Super 8, haciendo películas en unas vacaciones con mi familia, y de repente estamos en una hacienda cerca de Pescara, en la región de Abruzzo, donde van a matar a un conejo, y yo me voy con mi cámara a filmar. Grabo cómo matan al conejo y el conejo se movía y después filmo a mi familia comiéndose al conejo y eso en el fondo era una remembranza de El perro andaluz. Recuerdo que cuando pasamos la película en mi familia se quedaron impresionados y casi que me mandan al siquiatra, viendo la muerte del conejo y después todos comiéndose el conejo, fue como un shock emocional en la familia.

Y creo que ahí estaban los primeros trazos de lo que yo iba a hacer.

¿Qué es lo más importante que tú has aprendido desde ese momento sobre la fotografía y la imagen?

Lo más importante es que el tiempo pasa y tú tienes esa capacidad de congelarlo y de verlo otra vez, y el significado va cambiando con el tiempo. Lo que más me impresionó es que la fotografía es como un espejo a nivel individual. Cuando veo esas cosas de mis primeros pasos, es como verme en un espejo. Lo que estaba viendo cuando tenía doce años y lo que veo ahora con casi setenta años. Eso es lo que me hace decir que todo el lenguaje está claro desde el principio, tú lo vas descubriendo, pero ya lo tienes, y ahí es cuando yo digo una frase que me encanta: yo quiero madurar hacia mi infancia, porque las claves estaban ahí.

Yo al principio no sabía, pero de repente ahora tú ves con setenta años todo el recorrido, y siempre he hecho lo mismo, o sea, eso estaba dentro de mí. Por eso, cuando enseño digo que debemos buscar la maravillosa frase de Rafael Cadenas, ¿qué hago yo detrás de los ojos? Qué pasa detrás de tus ojos, porque ahí está todo, ahí están todas las claves, las claves no están afuera, las claves están dentro de uno mismo.

Yo trato de madurar, de regresar hacia mi infancia, cuando creaba sin pensar tanto; o sea, yo creo cada vez más en la intuición y menos en el pensamiento, porque en la intuición están las cosas originarias, eso que a nivel atómico te conecta a ese grabador de la memoria universal y la memoria histórica del hombre.

Porque nosotros somo como la consecuencia molecular de todo ese proceso evolutivo y está ahí, nosotros somos parte de la humanidad y somos toda la humanidad al mismo tiempo y esa vaina es hermosa.

Con cada foto tuya se puede hacer un libro. Cuando tú haces una foto, ¿la has pensado, la has sentido? ¿Cómo es ese proceso?

El proceso realmente es, primero, lo que yo llamo el concepto generador. Se trata de algo que me angustia, algo que me preocupa, algo que quiero decir, algo que me incomoda, algo con lo que no estoy de acuerdo. Entonces empieza esa preocupación.

Después de esa preocupación llega la idea, y con la idea empiezo a investigar sobre la idea, qué se ha hecho, qué se ha escrito, a leer y eso, después de la investigación paso a la fase de boceto: cómo hago que esa idea que quiero decir quede plasmada en imágenes. Empiezo el boceto. Es como una obra teatral, tú empiezas a diseñar la coreografía, cómo van a ser los personajes, en base a qué, puedes de repente conseguir elementos en pintura clásica o en una película y vas como agregando, yo puedo tardar, pensando la fotografía, hasta diez años, porque a mí me gusta ir madurando y las ideas son como los árboles, tú siembras y tienes que darle tiempo a que crezca y germine, que le salgan las hojitas y eso.

Porque ahí está la cosa que para mí es muy importante: el derecho a la lentitud, en una sociedad donde todo es apurado, donde todo es instantáneo. Yo me niego a lo apurado, yo defiendo la lentitud. Mi práctica de libertad es el derecho a la lentitud.

Y la lentitud es una de las mejores libertades…

Claro, por eso a mí no me gustan las exposiciones, los compromisos. Uno es como un proceso alquímico de mutaciones, de pensamientos, imágenes, y tú tienes que dejar que se desarrollen y tener la paciencia. En una sociedad donde todo es un apuro o es instantáneo, está prohibido envejecer, y además todo tiene que ser instantáneo, pero yo me niego a eso. O sea, respeto mi ritmo y eso me parece fundamental. Te repito: puedo tardar hasta diez años en hacer una imagen, porque ¿cuál es el apuro?

¿Cuáles autores de los que has leído, narradores o poetas, te han hecho sentir mejor o te han influido de alguna manera?

A mí, uno que me parece fundamental es Bolaño, a mí me parece extraordinario. De ahí paso a Vila-Matas que me parece maravilloso realmente; Sergio Pitol también es un autor que leo. Y ahora estoy leyendo con calma, los libros que leí en bachillerato hace mucho tiempo… El Quijote es una maravilla, es un universo y estoy tratando de releer todos los clásicos, creo que en los clásicos está la clave fundamental. Estoy leyendo a Tolstoi, descubrí una novela que me pareció fantástica, que se llama La historia de Genji, de Murasaki Shikibu, una escritora del siglo XI. También leo a Mario Bellatin porque Bellatin es casi una literatura expansiva que tiene que ver con la imagen; por eso yo les insisto a mis alumnos que hay que leer, porque las imágenes están en la literatura.

A mí me parece importante la lectura; otro escritor que he descubierto que me parece fascinante es Santiago Gamboa, el colombiano. Otro que descubrí es Robert Walser. Lo bonito de Vila-Matas es que él es una base de datos, Vila-Matas me ha llevado a muchos autores, porque siempre cita a otros autores y logra que tú los investigues, te abre un universo.

Cuando yo viajaba una de las cosas importantes era buscar libros, aprovechaba los viajes para buscar libros, y justamente las referencias de él me llevaron a Witold Gombrowicz, que es otra maravilla. A través de él empecé a leer a Virginia Wolf porque Vila-Matas va de lo contemporáneo a lo clásico, hace que te provoque.

Otro autor que se me reivindicó, a quien yo tenía tachado por esa vaina izquierdosa de mierda, es Vargas Llosa. Me parece un gran escritor, sinceramente.

Eso es otra de las cosas que ha dejado la pandemia, yo he podido leer muchísimo, y tú sabes cuál fue mi trabajo con la pandemia, ya tengo casi dos años haciendo una serie de fotos que se llama Actos excrementales, que es fotografía de mis excrementos buscando a través de mis excrementos los trazos de la caligrafía china, el cambio de color. Es fascinante, y eso te lo puede dar la pandemia porque tienes el ritmo. Yo siempre había observado mis excrementos porque son como un amanecer, un atardecer, y nunca se repiten: cada cagada que tú haces es única. Entonces, esa cosa efímera y el trazo, es maravilloso, yo ahora estoy trabajando en eso, en mis Actos excrementales, lo voy a terminar ahorita en diciembre.

¿Los vas a exponer?

No. Tú sabes que yo no expongo. En diciembre empiezo a decantarlo. Pero es igual a lo que te pasa en literatura. Cuando vas a escribir partes primero de algo que estás pensando y vas haciendo la estructura, vas rellenando y arrancas. Igual sucede en la fotografía, por lo menos en la fotografía que yo hago, una fotografía tipo puesta en escena, que es como un hecho teatral.

¿Qué cámara prefieres utilizar?

Yo detesto las cámaras fotográficas, eso es otra de las cosas, prefiero como instrumento el lápiz mongol, yo ahorita no tengo cámara fotográfica porque estoy trabajando con una cámara que me prestó Gala.

A mí no me gustan las cámaras fotográficas, ya no compré más cámaras porque no me gustan. Cuando tengo que hacer una puesta en escena le pido prestada las cámaras a mis amigos. Poseer cámaras no es una cosa que me llame la atención.

Pero tienes los ojos y el espíritu.

Claro, es la mirada. Se puede transformar en música, se puede transformar en literatura, se puede transformar en fotografía, en teatro, en toda cantidad de cosas. Lo interesante es la perspectiva de tu mirada, eso es lo importante. Y te digo: yo sí creo en la fotografía como oficio, yo soy un fotógrafo de oficio, creo en el oficio, me gusta la buena óptica, que haya una calidad de imagen artesanal porque yo soy fotógrafo de oficio. Pero no me detengo en las herramientas sino en el resultado. Lo que me interesa es el resultado de la imagen, no con qué se hace.

Cada día quiero tener menos; para mí ahorita lo más importante es restar para necesitar menos plata y para vivir mejor. La abundancia es restar, restando vives mejor porque necesitas menos tiempo para gastar en producir dinero y el dinero fluye de manera más natural.

Fuente https://letralia.com/entrevistas/2021/12/12/nelson-garrido/?fbclid=IwAR1OJwFC_RjXvN7g-wO2ApV8sDm1NRtvwBzJDjNQAsRqEByBiX5SHTYxLLM

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